Hablar o escribir de RAFAEL ANTONIO CURRA, es recordar al amigo y compañero que fundamentó su estructura moral en basamentos éticos y principios de honradez. Es preguntarnos una y otra vez el porqué nos dejó a la temprana edad de 33 años, siendo Director del Instituto Oceanográfico de Venezuela, víctima de un trágico accidente de aviación que lo sepultó en su última morada: el mar que tanto amó.